He pensado en el devenir de esto que se llama vida, en las múltiples elecciones que fueron un camino y que aún hoy lo son, en aquellas que no se han elegido y son nada o fueron todo, en los frustrados intentos de hacer eterno un instante, en todas las vidas que se vivieron dentro de esta y en aquellas que solo fueron posibilidad y no elección.
En el orden de las cosas, en el azar que es derecho natural o ignorancia propia, en el destino, la causalidad, en el caos que es orden y desorden, en la complejidad, en el destino final del universo. En alguna inteligencia superior preocupada por aquello último.
En el poeta que despertó del sueño con la flor, que fue la prueba de su estadía en un lugar o de un estado del alma.
En un país austral que siento propio pero que no me pertenece.
En el pasado que es real y en el futuro que aún no es o que ya es para Alguien. En el presente que es y ya ha dejado de serlo al escribir estas líneas.
He pensado en el amor que es darse en cada gramo y crecer, en el dolor necesariamente incluido en aquel, en el enemigo del amor: la muerte, que es inminente, infranqueable y el fin de todos los sueños.
En la vida que es algo y en la nada que no puede ser nada.
En el olvido como antídoto contra el amor y como arma aún más fuerte que el odio.
En la posibilidad de una existencia inmortal sin saberlo.
He pensado en la exquisita combinación de sonidos llamada música y en la poesía.
En el sueño, una llave mágica, una puerta a lo desconocido. Un teatro de la democracia donde soñador es actor, escenario, camarógrafo, espectador, protagonista o todo esto junto.
Estoy pensando en todo aquello que he pensado y olvido mi nombre un segundo, olvido que soy alguien, el universo se olvidará de mí algún día.
En el orden de las cosas, en el azar que es derecho natural o ignorancia propia, en el destino, la causalidad, en el caos que es orden y desorden, en la complejidad, en el destino final del universo. En alguna inteligencia superior preocupada por aquello último.
En el poeta que despertó del sueño con la flor, que fue la prueba de su estadía en un lugar o de un estado del alma.
En un país austral que siento propio pero que no me pertenece.
En el pasado que es real y en el futuro que aún no es o que ya es para Alguien. En el presente que es y ya ha dejado de serlo al escribir estas líneas.
He pensado en el amor que es darse en cada gramo y crecer, en el dolor necesariamente incluido en aquel, en el enemigo del amor: la muerte, que es inminente, infranqueable y el fin de todos los sueños.
En la vida que es algo y en la nada que no puede ser nada.
En el olvido como antídoto contra el amor y como arma aún más fuerte que el odio.
En la posibilidad de una existencia inmortal sin saberlo.
He pensado en la exquisita combinación de sonidos llamada música y en la poesía.
En el sueño, una llave mágica, una puerta a lo desconocido. Un teatro de la democracia donde soñador es actor, escenario, camarógrafo, espectador, protagonista o todo esto junto.
Estoy pensando en todo aquello que he pensado y olvido mi nombre un segundo, olvido que soy alguien, el universo se olvidará de mí algún día.
JOSÉ AVILA.
Lindooooo. Montse
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